Pasados unos días en Huaraz de obligado descanso la cosa ya pinta bien. Dejamos el arroz blanco y la zanahoria y retomamos el festival gastronómico. Unos zumitos por aquí, unos picoteos por allá y un poquito de carne para coger fuerzas y volver a estar a tope de power. Es la despedida de Ánder y lo celebramos con una timba de mus Unai y yo contra Ánder y Olatz. Al final empate 3-0 y 0-3 de fruta madre! En la cenica nos deleitamos con unos tequeños de espinaca y queso, unas ensaladicas y unos buenos pollos. Poco a poco la gente va volviendo a sus casas y llegan aquí caras nuevas. Somos los eslabones de una cadena que no para de crecer pero que no se rompe. Sumamos contactos de casa y de fuera y acumulamos experiencias vitales que trascenderán o quedrán para un bonito recuerdo. Lo que está claro es que lo que nos está dando este viaje es mucho más de lo que podíamos esperar y con una mezcolanza de pena y alegría vemos como los días pasan volando y cada vez está más cerca la fecha de vuelta...
Uno de los tantísimos caprichos que nos damos es ir en cuadrilla a las piscinas de barro de Monterrey. Se supone que esas aguas naranjas y templadas son buenas para la circulación, el reuma, la artrósis y no se cuantas cosas más. El caso es que Irati, Dabitxo, Iker, Olatz, Unai, Dabid, Katty, Isa, Jose, Patri y yo disfrutamos de un buen momento de descanso antes de volver a las montañas...
De Huaraz volvemos a coger un colectivo hacia Yungay y la laguna de Llanganuco. Conocemos el sitio de cuando Patri y yo estuvimos por el Chopicalqui y nos gusta volver a pasar por unos paisajes de órdago. Al llegar a la curva del Pisco bajamos a Cebollapampa y cogemos un arriero y tres mulas para que nos suban el peso a Dabid, Patxi, Iker y a mi. Patri y Javi van con mochila ligera y para el día pero nosotros además tenemos alguna que otra ilusión...
Al llegar a la laguna del 69 alucinamos con las vistas de la laguna y del entorno. Los Chacrarajus, los Piscos, los Huandoy, los Huascarán, el Chopicalqui y el Yanupacha nos rodean y disfrutamos del espectáculo. Es el último día en el que estamos Patri y yo y nos dan penica separarnos aunque sólo sean cuatro días. Una se va a la selva con una compañía que le va a llevar a cazar pirañas, ver caimanes y conocer una tribu indígena y el otro se queda por aquí a ver si se hace con alguna montaña. La verdad es que estos día por Perú con ella han sido geniales y no los cambiaría por nada del mundo. Unas vacaciones geniales que nos han hecho vivir y compartir un montón de historias preciosas...
Un saludico y hasta la vista alpinistas...