Después de un buen sábado con los chavales de Montañeros de Aragón quedo con "el Sombras" que hace días que no le veo. Esta vez el plan que le propongo le pone más que nunca y rápidamente organizamos la logística para nuestro encuentro en el Pilar Sur del Midi d´Ossau. El uno se currará todo y el otro se dedicará a ir al rebufo. Salimos pronto de Zaragoza y con las primeras luces llegamos al refugio de Pombie. Pasamos de largo y con un objetivo claro, "siempre hacia delante como los peones" El Portalet tiene un aspecto de calma y los dorados del amanecer resaltan con la nieve que todavía queda.
Desde el Refugio del Pombie veo a la perfección el Pilar Sur. Recto, esbelto, muy vertical, atractivo, sólido y que llega a cima del Grand Pic. Salvando mucho las distancias pero me viene a la mente el Fréney y en un intento de jugar a la toponimia le bautizo como el mini Fréney pirenaico. El sombras todavía no ha llegado y como siempre se presentará por sorpresa. A partir de ahora me concentro en el juego y comienzo con la escalada y con las maniobras...
Iluminada la cima del Pilar Sur y la del Grand Pic
Recorrido directo y elegante del Pilar Sur
Comienza la escalada y poco a poco voy ganando metros al Pilar. Me siento cómodo y el Sombras ya ha hecho acto de presencia. A pesar del sol la temperaturta no es muy alta y la roca en los primeros largos está fría. Subo y bajo para volver a subir y volver a subir. Una misma rutina que automatizada nos hace ganar metros poco a poco. Después de haber montado el L3 y rapelando para desmontarlo pierdo un pie de gato ¡mierdaaaa! Se presenta un dilema existencial en el que el sombras no tiene ni voz ni voto. ¿Subir o bajar? esa es la cuestión. Si bajo se acabó el juego, game over, the end y no sé cuando volveré para conseguir esta ilusión. Si subo con un gato y con una bota voy a ir más lento y el oscuro dificultará mucho la escalada. Estando donde estoy decido apostar por la aventura y conociendo la subida y la bajada y a pesar de mi mala técnica creo en mis posibilidades...
Patioooooooo...
Casi llegando a cima empieza a atardecer así que acelero todo lo que puedo para llegar a la cima con la puesta de sol. Los últimos metros son al ritmo y sólo oigo mi respiración entrecortada de bufidos al pasar los últimos resaltes de roca...
Lo consigo y al llegar a la cima disfruto con una preciosa puesta de sol que no es más que la guinda del pastel. Me acuerdo de cuando hace dos veranos subí con la familia a dormir a la cima. Entonces también vimos amanecer. Me emociono y es entonces cuando corroboro que el valor de todas estas experiencias se multiplica cuando tienes a alguien a tu lado para darle un abrazo. Me acuerdo de mucha gente y me centro en una bajada con huella que a pesar de la mala nieve húmeda me facilita mucho las cosas.
En definitiva una buena escapada al monte que disfrutaré para siempre en el baúl de mis recuerdos.
¡Un saludico y hasta la vista alpinistas!
